"EN MODO TECNOLÓGICO"


"En la escuela nos enseñan a memorizar
Fechas de batallas
Pero que poco nos enseñan de amor". Fabulosos Cadillacs

Claramente la tecnología nos ha salvado: además de facilitar la conexión con la "antigua normalidad", ha permitido tener mayor información y cierto control sobre la pandemia. Si bien lo tecnológico ya era un tema en nuestra sociedad, el contexto actual vino a acelerar un proceso que ya estaba andando y que de seguro la convertirá en la DIOSA que salvó a los humanos de la locura del encierro.

Con el correr de los días sucedió que, además de los quehaceres caseros y laborales al mismo tiempo y en un mismo lugar, el colegio también llegó a casa y hubo que hacer algo para "salvar el año escolar", convocando también a la DIOSA TECNOLOGIA e improvisando con sistemas de estudios "2020", para que los hijos no fueran a "quedar atrás". Esto obligó a buscar otras formas de organización, nuevas plataformas de aprendizaje, e incluso a generar gastos imprevistos del escuálido presupuesto, para adquirir nuevos artefactos de conexión y no tener que pasar el del propio trabajo. De esta manera, además del teletrabajo, el restoran, el hospital, la sala de juego, hubo que armar salas de clases, en espacios de poca amplitud.

Y aquí comienza la historia del futuro hecho realidad
niños pequeños mirando el mundo desde su casa, figurando una sala virtual que los conecta con sus compañeros y profesores, haciendo lo mismo que en clases, solo que en vez de conversar con el compañero, se mandan chat; en vez de quedarse callados y escuchar a la profesora, ella misma tiene un botón para silenciarlos; en vez de pararse en clases, lo hacen en el propio habitat, yendo y volviendo, para mostrar el peluche, la mascota o algo de lo preferido, quizás solo con el fin de lograr algún tipo de contacto con otro en la extrañeza del encierro.

Empieza entonces, el gran descubrimiento y fascinación por las teclas, donde a veces basta solo un abrupto y sutil toque, para que todo el aparato se desconfigure o bloquee, aún cuando hay que reconocer que el aprendizaje en los llamados "nativos", se hace mucho más rápido que en cualquiera. Lo complejo es que también hay que integrar a los nativos más pequeños aún, lo que implica que los padres se transforman, además de todo, en profesores. Si bien algunos de ellos retornaron  a las nostalgias de la antigüedad, donde los primeros aprendizajes se hacían en casa, planteándose incluso la posibilidad de no volver al colegio; otros no tienen tiempo para acompañarlos y muchos se muestran bastante ansiosos con que sus hijos queden atrasados en las materias.

¿Qué significa "quedar atrasados"?

Si bien en el aprendizaje escolar existen ciertos parámetros sobre lo que se debiera ir adquiriendo en momentos evolutivos de la vida, y que son preparatorios para otros, es importante tener en claro que el conocimiento no es lineal ni se trata de una escalera en la que se vaya subiendo peldaño a peldaño y tampoco puede controlarse del todo, menos en tiempos de exceso de información como los actuales. La atención es selectiva y ser "bueno" para alguna materia dependerá de muchos factores y azares que pueden ser más determinantes que los objetivos definidos. 
En la primera infancia, gran parte del aprendizaje implica al cuerpo. Se trata de vérselas con un cuerpo inquieto, que se mueve, que juega con tierra, corre, salta, se prueba a sí mismo y su aceptación por parte del grupo; un cuerpo que se descubre y sorprende de su propio quehacer, de la rayadura del lápiz y de las líneas que van tomando forma. Un cuerpo que hay que aprender a encausar y el lugar del adulto es guiar en este proceso. 
Por otro lado, la inclusión del "modo tecnológico" en nuestras vidas está produciendo una especie de medición cuantitativa de cada cosa que se hace, incluso en los aspectos más ínfimos e íntimos de la vida cotidiana. Esto se ha ido transformando en una adquisición maratónica de la información, que ha generado ciertas expertices de aplicaciones técnicas, que van dejando de lado la incógnita, el misterio que conlleva el saber, lo que se escapa a lo cuantificable y el incentivo de la curiosidad por el mundo y por el otro. Se parte del supuesto de que efectivamente existe un saber completo factible de aprehender y, por lo tanto, una secuencia que cumplir, que si no se realiza, la persona quedaría sin participar del mundo futuro. No es extraño que las carreras a estudiar se piensen como algo técnico-práctico, que "sirva" y que muchas veces se hace ajeno a la persona, como si estuviera fuera de "si mism@".

¿Cómo abordar la tecnología sin que esto se transforme en un modo de existir? 

¿Como hacer que lo niños de hoy NO se transformen en una especie "robótica" mañana, al estilo de bibliotecas andantes, llenas de información, pero sin resonancias afectivas consigo-mism@s, con-el otro y con-el-mundo?

El aprendizaje es un descubrimiento que no sabe hacia donde va. Los azares van armando redes, estableciendo estructuras, formas de abordar el mundo, a si mism@s, a los otr@s, que van poniendo en juego el afecto, la curiosidad, el gusto por el saber y que van construyendo sentidos. En este descubrimiento debiera incluirse el aprender a relacionarse con otros, resolver conflictos y vérselas en la con-vivencia. 

Instalar el "colegio en casa" ha ayudado a establecer rutinas y estructuras que permiten sostener ciertas referencias temporales y espaciales en los niños. Sería importante que en estos momentos de incertidumbre, se pudiera reconstruir casi el único espacio de intimidad y privacidad que tienen los niños sin sus padres y que se da en el "estar" en el colegio con sus pares. Sería interesante que, en conjunto con lo que se va "aprehendiendo", se vaya dando un lugar para ir generando lazos de apoyo entre los mismos compañeros, que ayuden a contener el complejo contexto que están viviendo y de esta manera se vaya adquiriendo la habilidad de ir cultivando y manteniendo vínculos a futuro. De seguro esta práctica generará mayores recursos para la vida, que una mera adquisición de contenidos.

Claramente la tecnología nos ha salvado y la pandemia ha acelerado un proceso que ya venía andando. Al mismo tiempo, ha obligado a un momento de silencio mundial, que nos invita a pensar en las semillas que estamos sembrando. Esperemos que la técnica vaya siendo solo una herramienta de apoyo y no un modo de existencia.

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